La unción de enfermos
Ø Es el sacramento en el que Jesucristo alivia y reconforta al cristiano que comienza a encontrarse en peligro de muerte, por enfermedad o vejez.
Ø Hace mucho tiempo se le dio el nombre de Extremaunción, sin duda por la costumbre de administrarlo en los últimos momentos de la vida.
Ø El Apóstol Santiago nos recuerda cómo instituyó Jesús este Sacramento cuando escribe: “¿Está enfermo alguno de nosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor y la oración de la fe salvará al enfermo y el Señor le aliviará, y si hubiese cometido pecados le serán perdonados”.
Ø El sacerdote unge con óleo bendecido por el obispo (o en caso necesario por él mismo) en la frente y las manos del enfermo. Acompaña la unción con una oración litúrgica.
Ø Se puede recibir más de una vez: cada vez que se cae enfermo de gravedad, o cuando después de haber recibido la Unción de Enfermos, la enfermedad se agrava. Ante intervenciones quirúrgicas difíciles también se puede recibir el sacramento.
Ø Los efectos que produce la Unción de Enfermos son:
ü Fortalece la fe de quienes lo reciben.
ü Le perdona sus pecados cuando, habiendo perdido la conciencia, había manifestado previamente su voluntad de confesarse.
ü A veces llega a sanar al enfermo, si la providencia divina así lo dispone.
ü Siempre conforta al enfermo en la enfermedad y al anciano en la debilidad de su vejez.
También, el cristiano recibe la ayuda de Jesucristo para afrontar con más fe y fortaleza la enfermedad o la ancianidad y, en su caso, la muerte.
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