miércoles, 13 de diciembre de 2006

TEMA 4 - CREO EN JESUCRISTO, SU ÚNICO HIJO, NUESTRO SEÑOR.

Es lógico que a partir del tema, empieces a pensar.....

Pero.... a ver, el Señor, ¿No es Dios Padre?

¿Y sólo Jesucristo su hijo?

¿Y los demás que...?

Y la explicación es que : ¡Padre, Hijo y Espíritu Santo, las tres personas divinas, son inseparables!. En su ser y en su obrar..

El obrar “ad extra” (/hacia fuera) en Dios es común a las tres personas divinas:

Dios Padre, Creador

Dios Hijo, salvador

Dios Espíritu Santo, Santificador

“Pero cada persona divina realiza la obra común según propiedad personal”

Es uno de los misterios de nuestra fe, la Santísima Trinidad.

Son de esas cosas que creemos sin ver, y que sabemos que existen por nuestra fe. Entonces entendemos que Jesucristo muerto en la cruz sea Nuestro Señor.

Su único Hijo- porque Dios encarnó en María, la Virgen por medio del Espíritu Santo y se hizo hombre, como tu y como yo-, vivió en nuestras mismas condiciones de hombre; tuvo sus alegrías, penas, disgustos, emociones, preocupaciones... y aunque vivió asó, fue el Mesías, el esperado.

El se encarnó

Para ayudarnos, enseñarnos y sobre todo para vivir y morir por todos nosotros.

DE todas formas también sabemos, que todos somos hijos de Dios, no por naturaleza sino por la elevación a la vida sobrenatural, que no nos viene dada por la creación, sino por el Bautismo.

Pero... en realidad ¿Qué es Creer?, ¿Todos creemos en lo mismo? ¿En qué creemos? ¿Qué implica creer?

Creer, ya sea en lo religioso o en cualquier otro ámbito de la vida cotidiana: Es aceptar libre y voluntariamente algo que quizás no puedas ver, ni tocar o comprobar por ti mismo, pero que, en realidad, existe...

lunes, 4 de diciembre de 2006

La Inmaculada Concepción.

El Dogma de la Inmaculada Concepción establece que María fue concebida sin mancha de pecado original. El dogma fue proclamado por el Papa Pío IX, el 8 de diciembre de 1854, en la Bula Ineffabilis Deus.
"Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, fue por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del genero humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios, por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles."

martes, 28 de noviembre de 2006

El tiempo de Adviento

El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico y empieza el Domingo más cercano a la fiesta de San Andrés Apóstol y abarca cuatro Domingos.Adviento viene de adventus, venida, llegada, y termina el 24 de diciembre. Forma una unidad con la Navidad y la Epifanía. El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del Señor.
De esta manera lo podemos dividir en dos partes:
a) desde el primer domingo al día 16 de diciembre, con marcado carácter escatológico, mirando a la venida del Señor al final de los tiempos;
b) desde el 17 de diciembre al 24 de diciembre, es la llamada "Semana Santa" de la Navidad, y se orienta a preparar más explícitamente la venida de Jesucristo en la historia, la Navidad.
El color de los ornamentos del altar y la vestidura del sacerdote es el morado, igual que en Cuaresma, que simboliza austeridad y penitencia. Son cuatro los temas que se presentan durante el Adviento:

I Domingo. La vigilancia en espera de la venida del Señor.
Durante la segunda semana, la liturgia nos invita a reflexionar con la exhortación del profeta Juan Bautista: "Preparen el camino, Jesús llega" y, ¿qué mejor manera de prepararlo que con una buena confesión? En la semana anterior nos reconciliamos con las personas que nos rodean; como siguiente paso, la Iglesia nos invita a acudir al Sacramento de la Reconciliación (Confesión) que nos devuelve la amistad con Dios que habíamos perdido por el pecado. Encenderemos la segunda vela morada de la Corona de Adviento, como signo del proceso de conversión que estamos viviendo.
Durante esta semana puedes buscar en los diferentes templos que tienes cerca, los horarios de confesiones disponibles, para que cuando llegue la Navidad, estés bien preparado interiormente, uniéndote a Jesús y a los hermanos en la Eucaristía.

II Domingo. La conversión, nota predominante de la predicación de Juan Bautista.
Durante esta primera semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación con las palabras del Evangelio: "Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento". Es importante que hagamos un propósito que nos permita avanzar en el camino hacia la Navidad; ¿qué te parece si hacemos examen? Como resultado deberemos buscar el perdón de quienes hemos ofendido y darlo a quienes nos hayan ofendido para comenzar el Adviento viviendo en un ambiente de armonía y amor, no sólo en nuestra familia sino con nuestros amigos, compañeros y conocidos.. Si tenemos corona de adviento encenderemos la primera vela, color morada, como signo de vigilancia y deseos de conversión.


III Domingo. El testimonio, que María, la Madre del Señor, vive, sirviendo y ayudando al prójimo.
Coincide este domingo con la celebración de la Virgen de Guadalupe, y precisamente la liturgia de Adviento nos invita a recordar la figura de María, que se prepara para ser la Madre de Jesús y que además está dispuesta a ayudar y servir a quien la necesita. El evangelio nos relata la visita de la Virgen a su prima Isabel y nos invita a repetir como ella: "Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?.
Sabemos que María está siempre acompañándonos, por lo que nos disponemos a vivir esta tercer semana de Adviento, meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó. Te proponemos que fomentes la devoción a María, rezando el Rosario en familia, uno de los elementos de las tradicionales posadas, que inician el próximo día 16. Encendemos como signo de espera gozosa, la tercer vela, color rosa, de la Corona de Adviento.

IV Domingo. El anuncio del nacimiento de Jesús hecho a José y a María.
Las lecturas bíblicas y la predicación, dirigen su mirada a la disposición de la Virgen María, ante el anuncio del nacimiento de su Hijo y nos invitan a "Aprender de María y aceptar a Cristo que es la Luz del Mundo". Como ya está tan próxima la Navidad, nos hemos reconciliado con Dios y con nuestros hermanos; ahora nos queda solamente esperar la gran fiesta. Todos los preparativos para la fiesta debieran vivirse en ambiente familiar, con el firme propósito de aceptar a Jesús en los corazones, las familias y las comunidades. Encendemos la cuarta vela color morada, de la Corona de Adviento.
La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos:
La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.
Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas: Nos hace pensar en la oscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.
Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.
Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.
Y para hacerlo parte de nuestras vidas unos propósitos…así los chicos aprenden a comprometerse y a esforzarse por cumplirlos.
1. Ayudaré en casa en aquello que más me cueste trabajo.
2. Rezaré en familia por la paz del mundo.
3. Ofreceré mi día por los niños que no tienen papás ni una casa donde vivir.
4. Obedeceré a mis papás y maestros con alegría.
5. Compartiré mi almuerzo con una sonrisa a quien le haga falta.
6. Hoy cumpliré con toda mi tarea sin quejarme.
7. Ayudaré a mis hermanos en algo que necesiten.
8. Ofreceré un sacrificio por los sacerdotes.
9. Rezaré por el Papa.
10. Daré gracias a Dios por todo lo que me ha dado.
11. Llevaré a cabo un sacrificio.
12. Leeré algún pasaje del Evangelio.
13. Ofreceré una comunión espiritual a Jesús por los que no lo aman.
14. Daré un juguete o una ropa a un niño que no lo tenga.
15. No comeré entre comidas.
16. En lugar de ver la televisión ayudaré a mi mamá en lo que necesite.
17. Imitaré a Jesús en su perdón cuando alguien me moleste.
18. Pediré por los que tienen hambre y no comeré dulces.
19. Rezaré un Ave María para demostrarle a la Virgen cuanto la amo.
20. Hoy no pelearé con mis hermanos.
21. Saludaré con cariño a toda persona que me encuentre.
22. Hoy pediré a la Santísima virgen por mi país.
23. Leeré el nacimiento de Jesús en el Evangelio de S. Lucas 2, 1-20.
24. Abriré mi corazón a Jesús para que nazca en él.

lunes, 27 de noviembre de 2006

Examen de conciencia

Primer mandamiento: Yo soy el Señor tu Dios;No tendrás dioses extraños ante Mí.
¿Amamos verdaderamente a Dios por encima de todo, o a veces damos más importancia a las cosas de este mundo: dinero, imagen, ropas, popularidad, o deseos egoístas?
¿Afirmamos tener buenos valores, pero a menudo cedemos o los abandonamos para encajar y ser "parte del grupo"?
¿Nos dirigimos a Dios en oración de gracias, o rezamos la mayoría de las veces cuando queremos algo?
¿Queremos realmente ser transformados por la voluntad de Dios, o utilizamos nuestra religión con el fin de "parecer" buenos cristianos?
Segundo Mandamiento:No tomarás el nombre del Señor en vano.
¿Faltamos al respeto al nombre de Dios dándole un mal uso por frustración, rabia o para parecer "duro" a los demás?
¿Dudamos en mencionar el nombre de Dios en situaciones apropiadas, en conversaciones con amigos y familiares?
¿Continuamos aprendiendo acerca de Dios prestando atención en la Iglesia, en las clases de Religión, o en la lectura de las secciones de Religión, periódicos y revistas católicos, artículos sobre religión en la prensa laica y en los programas de televisión?
Tercer Mandamiento:Recuerda santificar el día del Señor.
¿Vamos a la Iglesia para celebrar la Eucaristía los domingos y fiestas de guardar? ¿Vamos a Misa sólo cuando nos conviene o nos hace "sentir bien"?
¿Participamos en la Eucaristía rezando y cantando, o nos sentamos simplemente como espectadores, y esperamos que nos entretengan?
¿Reconocemos la Presencia Verdadera de Cristo en la Eucaristía y recibimos la Santa Comunión con respeto y reverencia?
Cuarto Mandamiento:Honrarás a tu padre y a tu madre.
¿Ayudamos a traer paz y felicidad a nuestras familias, o somos irrespetuosos con los demás y una fuente de dolor y división para aqúellos que nos son más cercanos?
Como padres, ¿somos generosos y pacientes con nuestros hijos? ¿Les dedicamos tiempo y les prestamos la atención que necesitan? ¿Marcamos responsablemente límites para ellos, y nos aseguramos de que siguen normas que les ayudarán a crecer como adultos responsables?
¿Estamos dispuestos a decirles "no" a nuestros hijos, o tenemos más tendencia a ignorar sus problemas de comportamiento y esperar a que "desaparezcan por sí solos"?
¿Escuchamos con atención a nuestros hijos y los tratamos con respeto?
Como hijos, ¿amamos, respetamos y obedecemos a nuestros padres? ¿Apreciamos los muchos sacrificios que hacen por nosotros? ¿Decimos lo bastante a menudo "gracias" y "te quiero"?
¿Hacemos nuestras tareas sin que se nos pida, o esperamos a que nuestros padres se disgusten antes de dejar lo que estamos haciendo?
¿Escuchamos el razonamiento de nuestros padres cuando nos dicen que no?
Quinto mandamiento:No matarás.
¿Hemos dañado a otra persona por descuido o peleas?
¿Nos hemos puesto, a nosotros mismos o a otros, en peligro por uso imprudente del alcohol u otras drogas? ¿Hemos causado dificultades, a nosotros o a los demás por este uso?
¿Hemos arriesgado nuestras vidas conduciendo o yendo con alguien bajo la influencia del alcohol u otras drogas?
¿Nos esforzamos por perdonar a quienes nos han herido, o nos asimos al resentimiento y al deseo de venganza?
¿Usamos bien nuestra influencia, especialmente nuestro derecho al voto, con el fin de luchar contra la guerra, la opresión, el aborto y la injusticia, o permitimos que continúen esos males por nuestra apatía y silencio?
¿Hemos sido violentos o abusivos en acciones o palabras? ¿Hemos abusado verbalmente de nuestros hijos u otros familiares?
¿Compartimos los que tenemos con los que están en apuros? ¿Apoyamos la vida y misión de la Iglesia con nuestra colaboración responsable, compartiendo nuestro tiempo, talento y tesoros?
¿Llevamos nuestro cristianismo a las situacioens cotidianas, o nos mantenemos al margen y nos quejamos de todas las faltas que detectamos en los demás?
Sexto mandamiento:No cometerás adulterio.
¿Respetamos la dignidad del cuerpo humano y la santidad del matrimonio cristiano? ¿Mostramos ese respeto en nuestro hablar, o son las bromas y lenguaje soez parte frecuente de nuestras conversaciones?
¿Entendemos y apreciamos el regalo de nuestar sexualidad como un medio para expresar nuestro amor (y el amor de Dios) en el Sacramento del Matrimonio?
¿Hemos deshonrado nuestros cuerpos por la impureza o conversaciones y pensamientos indignos que conducen a acciones impuras?
¿Hemos inducido a otros a pecar por nuestra incapacidad de mantener buenos criterios morales?

Séptimo mandamiento:No robarás.
¿Respetamos la propiedad de los demás? ¿Hemos robado, dañado o cometido vandalismo con la propiedad de otros?
¿Hemos engañado en el trabajo o en la escuela? ¿Hemos inducido a pecar a otros presionándolos para ayudarnos a engañar?
¿Somos honrados y trabajadores en el colegio y en el trabajo?
¿Somos fieles a nuestras promesas? ¿Somos de fiar?
Octavo Mandamiento:No levantarás falso testimonio contra tu prójimo.
¿Hemos mentido para librarnos de problemas o evitar una situación difícil?
¿Murmuramos de los demás? ¿Hemos dañado la reputación de otras personas exagerando o inventando historias acerca de ellas?
¿Se nos puede confiar un secreto?
¿Damos la cara por los que son injustamente acusados, o no somos más que un canal por el que pasan los rumores, sean o no ciertos?
Noveno Mandamiento:No codiciarás la mujer de tu prójimo.
¿Respetamos los compromisos de los demás y los ayudamos a mantenerse fieles a sus promesas?
¿Tratamos con ligereza nuestros matrimonios en nuestras conversaciones y actitudes? ¿Hemos dicho o hecho algo que haga burla de nuestras sagradas promesas?
Décimo mandamiento:No codiciarás lo bienes ajenos.
¿Estamos satisfechos con lo que Dios nos da, o estamos celosos de los que parecen tener más?
¿Tratamos de demostrar que somos mejores que los demás fanfarroneando o comprando cosas?
¿Apreciamos nuestras buenas cualidades, o constantemente nos comparamos con otros y nos resentimos y amargamos?
¿Nos enfrentamos bien a los problemas que nos encontramos, y mantenemos nuestra esperanza cristiana a pesar de los malos ratos y dificultades?
¿Verdaderamente "buscamos primero el Reino de Dios" en nuestras vidas y ponemos en él nuestra confianza?
¿Reflejamos la paz, esperanza y alegría de un pueblo redimido y santificado por la Sangre de Cristo?

Como confesarse bien

Cómo Confesarse bien
Recibid el Espíritu Santo.A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonado;a quienes los retengáis, les quedan retenidos (Jn 20, 23)..

El sacramento de la penitencia, también llamado LA CONFESIÓN, es el sacramento instituido por Cristo, que perdona los pecados cometidos después del bautismo y obtiene la reconciliación con la Iglesia, al pedir perdón ante un sacerdote y recibir la absolución sacramental.
Pecado es todo acto, dicho, deseo, pensamiento u omisión contra la ley de Dios. Puede ser mortal venial.
EL PECADO MORTAL Destruye el principio vital de la caridad en el corazón del hombre, por una infracción grave de la ley Divina. Aparta al hombre de Dios, que es su fin último. Para que un pecado sea mortal se requieren tres condiciones:
1. Violar uno de los mandamientos en materia grave.2. Plena advertenciia.3. Perfecto consentimiento.
El pecado mortal, si no es borrado por el arrepentimiento y el perdón de Dios, causa la exclusión del Reino de Dios y la muerte eterna del infierno.
EL PECADO VENIAL Deja subsistir la caridad, aunque la ofende y la hiere. El pecado venial impide el progreso del alma; y quien lo comete merece penas temporales. El pecado venial deliberado y que permanece sin arrepentimiento, nos dispone rápidamente o poco a poco a cometer pecado mortal. El pecado venial no rompe la alianza con Dios; no priva de la gracia santificante, de la amistad con Dios, de la caridad, ni por lo tanto, de la bienaventuranza eterna.

Posible esquema para la Confesión

El penitente comienza diciendo, por ejemplo:
"Ave de él dado de Purísima", y se santigua.
"Sin pecado concebida", responde el confesor.
Y puede continuar diciendo:
"El Señor esté en tu corazón para que te puedas arrepentir y confesar humildemente tus pecados".
"Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te amo", puede decir el penitente.
Y a continuación, se acusa de sus pecados.
Luego el confesor da los consejos oportunos al penitente, le impone de la penitencia e invita a manifestar su contrición, diciendo, por ejemplo:
"Jesús, Hijo de Dios, ten compasión de mi que soy un pecador".
El sacerdote absuelve al penitente mientras dice:
"Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la Muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el misterio de la Iglesia, el perdón y la paz.
Y YO TE ABSUELVO DE TUS PECADOS EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO, + Y DEL ESPÍRITU SANTO".
"Amén", responde el penitente.
"La pasión de nuestro Señor Jesucristo, la intercesión de la bienaventurada Virgen María y de todos los Santos, el bien que hagas y el mal que puedas sufrir, te sirvan como remedio de tus pecados, aumento de gracia y premio de vida eterna. Vete en paz", concluye el sacerdote.
"Amén", el penitente.



Condiciones para una buena Confesión
A. Examen de conciencia: Que consiste en recordar todos los pecados que hemos cometido desde la última confesión.
B. Arrepentimiento: Que consiste en sentir sincero dolor de haber ofendido a Dios; y detestar el pecado. (Para alcanzar el arrepentimiento hay que pedírselo a Dios)
C. Propósito de la enmienda: Que consiste en decidirse firmemente a no volver a pecar; en estar dispuestos a evitar el pecado, cueste lo que cueste.
D. Confesión: Que consiste en decirle al Sacerdote todos los pecados que hemos descubierto en el examen de conciencia.
Esta confesión de pecados debe ser:
Sincera: Es decir, sin querer engañar al Sacerdote, pues a Dios es imposible engañarlo.
Completa: Es decir, sin callarse ningún pecado
Humilde: Es decir, sin altanería ni arrogancia.
Prudente: Es decir, que debemos usar palabras adecuadas y correctas, y sin nombrar personas ni descubrir pecados ajenos.
Breve: Es decir, sin explicaciones innecesarias y sin mezclarle otros asuntos.
E. Satisfacción: Que consiste en cumplir la penitencia que nos impone el sacerdote, con la intención de reparar los pecados cometidos. Es obligatorio cumplir la penitencia, porque es parte del mismo sacramento.

TEMA 3 “CREADOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA”

TEMA 3
“CREADOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA”


- Contenidos y conceptos.

Es obvio que todos los hombres y mujeres de todas las épocas han buscado y deseado encontrar “LA FELICIDAD”; esta felicidad sólo se encuentra en Dios, nuestro creador.
Dios, creó el cielo y la tierra, las estrellas, el cosmos, las plantas, el hombre...
Tras haber creado todas estas maravillas, las grandes y las pequeñas, las que vemos y las que no vemos, las que sentimos y las que no sentimos, etc., no se desentendió de ellas, sino que mantiene cuidado amoroso hacia todas sus criaturas y una especial consideración con los hombres, con “nosotros”.

Dios creo al hombre y a la mujer,
· el uno para el otro y
· los hizo a su imagen y semejanza
· para que le amásemos y
· siempre tuviéramos presente, a Él, en nosotros mismos.
· y VIVIÉSEMOS FELICES CON ÉL EN LA TIERRA Y DESPUÉS EN EL CIELO.

Nos hizo libres, con capacidad para autodeterminarnos hacia un fin, el que hayamos elegido.
Al hacernos libres nos dio la posibilidad de actuar bien o mal; sin esa libertad no seríamos responsables de ninguno de nuestros actos.
Cuando actuamos para hacer el bien nuestra libertad alcanza su máximo esplendor. Normalmente para obrar de forma correcta hemos de seguir lo que nos dicta nuestra conciencia, juicio práctico de la razón que nos ha dado, por lo que las personas, reconocen si un acto es bueno o malo; pero hay ocasiones en que este juicio no está bien formado, no es recto, es decir, no está conforme al bien verdadero querido por Dios, y por ello tenemos la obligación de formarlo mediante la oración y el conocimiento de la doctrina y el examen de conciencia, la ayuda de la confesión, el estudio de la palabra de Dios.

Dios al crearnos he deseado que obremos bien, y cuando tendemos a obrar bien nos convertimos en virtuosos, accediendo a las virtudes naturales que regulan nuestra conducta: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza, y a las virtudes sobrenaturales, fe, esperanza y caridad.
La más importante es la caridad,
· virtud por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas, y
· por la misma, a nuestros prójimos como a nosotros mismos por amor de Dios.

Al Crearnos Dios, la esperanza nos ha permitido aspirar al Reino, y confiamos en que Dios y en lo que nos ha revelado (en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo) no a causa de la evidencia de esas verdades, sino de la autoridad de Dios, que no puede ni engañarnos no engañarse.
Es una adhesión personal del hombre con su Creador, con la comunicación y revelación que a hecho de SÍ MISMO y de su plan salvador mediante sus propias palabras a nuestros primeros padres, al pueblo de Israel por medio de sus profetas y finalmente por Jesucristo que es la plenitud de la Revelación.

Dios creó a nuestros primeros padres en gracia, pero la perdieron por el pecado original. Desde entonces nuestras almas no son creadas en gracias, sino que nacemos con el pecado original heredado y alcanzamos la gracia por el Bautismo. Esta vida de gracia se puede perder luego al pecar mortalmente, y se recupera, con la confesión sacramental. El origen del pecado está en el momento en que el hombre y la mujer hacen un uso indebido de su libertad obrando el mal. Dios lo admitió y permitió, pero también nos redimió.


TU DEBES HACERLO VIDA

Han sido muchos los conceptos aprendidos.
Ahora y ante el tema: “Creador del Cielo y de la tierra...” me lleva y os puede llevar a tratar de pensar y comprender:

· la maravilla de la creación.
· lo infinito de Dios, sin principio ni fin,
· desde los mundos más pequeños y microscópicos,
· hasta los mundos más grandes y complejos del cosmos,
· y de lo que no se ve, y se creó también y se nos trasmitió,
· de la grandeza de la fe y la esperanza,
· del amor a Dios al prójimo que se describe en los Mandamientos,
· de lo infinito de su amor,
· para que todos podamos encontrar “la felicidad”

y al mirar las estrellas acordaos de lo “infinito de Dios...”

TEMA 2 - EL CREDO: “CREO EN DIOS, PADRE TODOPODERODO”.

TEMA 2
EL CREDO: “CREO EN DIOS, PADRE TODOPODERODO”.

CUANDO REZAMOS EL CREDO, ES LO PRIMERO QUE DECIMOS PARA AFIRMAR NUESTRA FE.

La Fe te llega, pero vivir como cristiano lo hace cada uno por su cuenta y ... ¡ cuesta! ¿A que a ti también te pasa?.
Nuestra intención es ayudarte en tu camino con palabras, lo mas sencillas posibles, para un tema tan “gordo”.

· CREO EN UN SOLO DIOS.
La Fe cristiana confiesa que hay un solo Dios, por naturaleza, por sustancia y por esencia.
Un único Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Todo el resto de los artículos del Credo, dependen de este primero. Incluso los mandamientos son una consecuencia de este primer artículo. Ellos sirven para conocerle mejor.
Con mi pequeñez humana, todavía no acabo de entender cómo es posible creer si no he visto. Y sin embargo CREO.
Creo en Él como lo han hecho muchísimas personas desde que existe el hombre. No voy a ser mas listo que tatas otras personas mucho más inteligentes que yo... ¡Cuánta gente a habido en el mundo que eran mucho mejores personas que yo y también creyeron en Él...!
No me cabe la menor duda: DIOS EXISTE Y POR TANTO CREO EN ÉL.
Si algún día coges el Catecismo de la Iglesia Católica, leerás que Dios:
- Es MISERICORDIOSO y CLEMENTE.
- Es la VERDAD,
- Es AMOR
Hoy vivimos muy deprisa. Todo cambia en muy poco tiempo. Hoy algo puede estar de moda y mañana ya no se lleva. Pero Él siempre está allí. No cambia. ¿Has intentado hablar con Él?. Eso se llama REZAR. Rezando descubrirás que es cierto:
- Él te quiere.
- Siempre te escucha y nunca te abandona o engaña.
Inténtalo, te lo recomiendo.

· EL PADRE
Los Cristianos somos bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
En el nombre y no en los nombres porque no hay más que un solo Dios.
Eso es la Santísima Trinidad: “El Padre es quien engendra, el Hijo quien es engendrado y el Espíritu Santo es de quien procede”.
Nos referimos a Dios como Padre por dos razones:
- Él es origen de todo y al mismo tiempo es bondad y amor.
- Somos sus hijos, no porque nos haya creado, sino por ADOPCIÓN DIVINA.

· EL TODOPODEROSO
Creemos en la omnipotencia de Dios. Y en esa omnipotencia es:
- UNIVERSAL (ó CATÓLICA). Porque Él ha creado todo y lo puede todo,
- AMOROSA, porque Dios es nuestro Padre,
- MISTERIOSA, porque sólo la fe puede descubrirla.

Si Dios es Todopoderoso en el Cielo y en la tierra, es porque Él los ha hecho. Por tanto, nada le es imposible.
Ya sé lo que estaréis pensando en estos momentos: si Dios es el Padre Todopoderoso, ¿Por qué permite el mal y el sufrimiento?. Pues allí es donde se pone a prueba nuestra fe. Si no abandonamos nuestra fe en Él, si confiamos en Él, nos enviará gracia y la fortaleza para seguir adelante en nuestra vida.


REFLEXIÓN:

El hombre ocupa un lugar única en la Creación;”está hecho a imagen de Dios”.
De todas las criaturas visibles, sólo el hombre es capaz de conocer y amar a su creador.
Por eso el hombre es PERSONA; no es solamente algo, sino alguien.
Dios nos ha dado no solamente la existencia. Nos ha dado voluntad, inteligencia y razón. Y sobre todo, nos ha dado LIBERTAD. LIBERTAD, para elegir nosotros mismos qué es lo que hacemos con esa voluntad, inteligencia y razón.
El hombre es la criatura más perfecta de la Creación visible. Y a sido creado para servir y amar a Dios. Pero, puesto que tenemos inteligencia y somos libres, tenemos capacidad de elegir entre el bien y el mal.


TU PUEDES HACERLO VIDA:

Por todo esto, espero que con la lectura de este libro, te demos nuevas ideas para seguir la lucha por ser una persona digna de ver a Dios, “cara a cara”, en su momento.
No desesperes: cuando te encuentres en momentos de flaqueza, e que todo te parece tan difícil, e que no ves salida, entonces acude a Él.
Te escuchará y te dará fuerza para seguir adelante.
Recuerda que es tu Padre y te ha creado por Amor.

¡ÁNIMO! ¡SÉ QUE PUEDES!

El primer pecado en la historia del hombre"peccatum originale"

El primer pecado en la historia del hombre"peccatum originale"
1. En el contexto de la creación y de la concesión de los dones con los que Dios constituye al hombre en el estado de santidad y de justicia original, la descripción del primer pecado que en encontramos en el tercer capítulo del Génesis, adquiere mayor claridad. Es obvio que esta descripción, que se centra en la transgresión de la prohibición divina de comer "los frutos del árbol de la ciencia del bien y del mal", debe ser interpretada teniendo en cuenta el carácter específico del texto antiguo y, particularmente, el género literario al que pertenece. Pero, incluso teniendo presente esta exigencia científica en el estudio del primer libro de la Sagrada Escritura, no se puede negar que un primer elemento seguro del mismo salta a la vista debido al carácter específico de aquella narración del pecado: dicho carácter consiste en que se trata de un acontecimiento primordial, es decir, de un hecho, que, de acuerdo con la Revelación, aconteció en los comienzos de la historia del hombre. Precisamente por ello, el texto presenta otro elemento cierto: es decir, el sentido fundamental y decisivo de aquel acontecimiento para las relaciones entre el hombre y Dios y, en consecuencia, para la "situación" interior del mismo hombre, para las recíprocas relaciones entre los hombres y, en general, para la relación del hombre con el mundo.
2. El hecho que realmente importa, bajo las formas descriptivas, es de naturaleza moral y se inscribe en las raíces mismas del espíritu humano. Un hecho que da lugar a un cambio fundamental de la "situación": el hombre es lanzado fuera del estado de justicia original para encontrarse en el estado de pecaminosidad (status naturae lapsae); un estado que lleva consigo el pecado y conoce la tendencia al pecado. Desde ese momento, toda la historia de la humanidad sentirá el peso de este estado. El primer ser humano (hombre y mujer) recibió, en efecto, de Dios la gracia santificante no sólo para sí mismo, sino, en cuanto cabeza de la humanidad, para todos sus descendientes. Así, pues, con el pecado que lo estableció en una situación de conflicto con Dios, perdió la gracia (cayó en desgracia), incluso en la perspectiva de la herencia para sus descendientes. En esta privación de la gracia, añadida a la naturaleza, se sitúa la esencia del pecado original como herencia de los primeros padres, según la enseñanza de la Iglesia, basada en la Revelación.
3. Entenderemos mejor el carácter de esta herencia si analizamos el relato del tercer capítulo del Génesis sobre el primer pecado. El relato comienza con el coloquio que el tentador, presentado en forma de serpiente, tiene con la mujer. Este dato es completamente nuevo. Hasta ahora el libro del Génesis no había hablado de que en el mundo creado existieran otros seres inteligentes y libres fuera del hombre y de la mujer. La descripción de la creación en los capítulos 1 y 2 del Génesis se refiere, en efecto, al mundo de los "seres visibles". El tentador pertenece al mundo de los "seres invisibles", puramente espirituales, si bien, durante este coloquio, la Biblia lo presenta bajo forma visible. Esta primera aparición del espíritu maligno en una página bíblica, es preciso considerarla en el contexto de cuanto encontramos sobre este tema en los libros del Antiguo y Nuevo Testamento. (Ya lo hemos hecho en las catequesis precedentes). Singularmente elocuente en este sentido es el libro del Apocalipsis (el último de la Sagrada Escritura), según el cual sobre la tierra es arrojado "el dragón grande, la antigua serpiente (una alusión explícita a Gen 3), llamada Diablo y Satanás, que extravía a toda la redondez de la tierra" (Ap 12, 9). Por el hecho de que "extravía a toda la redondez de la tierra", en otro texto se le llama "padre de la mentira" (Jn 8, 44).
4. El pecado humano de los comienzos, el pecado primordial al cual se refiere el relato de Gen 3, acontece por influencia de este ser.
La "serpiente antigua" provoca a la mujer: " 'Con que os ha mandado Dios que no comáis de los árboles del paraíso?'. Y respondió la mujer a la serpiente: Del fruto de los árboles del paraíso comemos, pero del fruto del que está en medio del paraíso nos ha dicho Dios: 'No comáis de él, ni lo toquéis siquiera, no vayáis a morir'. Y dijo la serpiente a la mujer: 'No, no moriréis; es que sabe Dios que el día que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal' " (Gen 3, 1-5).
5. No es difícil descubrir en este texto los problemas esenciales de la vida del hombre ocultos en un contenido aparentemente tan sencillo. El comer o no comer del fruto de cierto árbol puede parecer una cuestión irrelevante. Sin embargo, el árbol "de la ciencia del bien y del mal" significa el primer principio de la vida humana, al que se une un problema fundamental. El tentador lo sabe muy bien, por ello dice: "El día que de él comiereis... seréis como Dios, conocedores del bien y del mal". El árbol significa, por consiguiente, el límite infranqueable para el hombre y para cualquier criatura, incluso para la más perfecta. La criatura es siempre, en efecto, sólo una criatura, y no Dios. No puede pretender de ningún modo ser "como Dios", "conocedora del bien y del mal" como Dios. Sólo Dios es la fuente de todo ser, sólo Dios es la Verdad y la Bondad absolutas, en quien se miden y en quien se distingue el bien del mal. Sólo Dios es el Legislador eterno, de quien deriva cualquier ley en el mundo creado, y en particular la ley de la naturaleza humana (lex naturae). El hombre, en cuanto criatura racional, conoce esta ley y debe dejarse guiar por ella en la propia conducta. No puede pretender establecer él mismo la ley moral, decidir por sí mismo lo que está bien y lo que está mal, independientemente del Creador, más aún, contra el Creador. No puede, ni el hombre ni ninguna otra criatura, ponerse en el lugar de Dios, atribuyéndose el dominio del orden moral, contra la constitución ontológica misma de la creación, que se refleja en la esfera psicológico-ética con los imperativos fundamentales de la conciencia y, en consecuencia, de la conducta humana.
6. En el relato del Génesis, bajo la apariencia de una trama irrelevante, a primera vista, se encuentra, pues, el problema fundamental del hombre, ligado a su misma condición de criatura: el hombre como ser racional debe dejarse guiar por la "Verdad primera", que es, por lo demás, la verdad de su misma existencia. El hombre no puede pretender constituirse él mismo en el lugar que corresponde a esta verdad o ponerse a su mismo nivel. Cuando se pone en duda este principio, se conmueve, en la raíz misma del actuar humano, el fundamento de la "justicia" de la criatura en relación con el Creador. Y de hecho el tentador, "padre de la mentira", insinuando la duda sobre la verdad de la relación con Dios, cuestiona el estado de justicia original. Por su parte el hombre, cediendo al tentador, comete un pecado personal y determina en la naturaleza humana el estado de pecado original.
7. Tal como aparece en el relato bíblico, el pecado humano no tiene su origen primero en el corazón (y la conciencia) del hombre, no brota de una iniciativa espontánea del hombre. Es, en cierto sentido, el reflejo y la consecuencia del pecado ocurrido ya anteriormente en el mundo de los seres invisibles. A este mundo pertenece el tentador, "la serpiente antigua". Ya antes ("antiguamente") estos seres dotados de conciencia y de libertad habían sido "probados" para que optaran de acuerdo con su naturaleza puramente espiritual. En ellos había surgido la "duda" que, como dice el tercer capítulo del Génesis, inyecta el tentador en los primeros padres. Ya antes, aquellos seres habían sospechado y habían acusado a Dios, que, en cuanto Creador es la sola fuente de la donación del bien a todas las criaturas y, especialmente, a las criaturas espirituales. Habían contestado la verdad de la existencia, que exige la subordinación total de la criatura al Creador. Esta verdad había sido suplantada por una sospecha originaria, que los había conducido a hacer de su propio espíritu el principio y la regla de la libertad. Ellos habían sido los primeros en pretender poder "ser conocedores del bien y del mal como Dios", y se habían elegido a sí mismos en contra de Dios, en lugar de elegirse a sí mismos "en Dios", según las exigencias de su ser de criaturas: porque, "¿Quién como Dios?". Y el hombre, al ceder a la sugerencia del tentador, se hizo secuaz y cómplice de los espíritus rebeldes.
8. Las palabras, que, según Gen 3, oyó el primer hombre junto al "árbol de la ciencia del bien y del mal", esconden en sí toda la carga de mal que puede nacer en la voluntad libre de la criatura en sus relaciones con Aquel que, en cuanto Creador, es la fuente de todo ser y de todo bien: ¡Él, que, siendo Amor absolutamente desinteresado y auténticamente paterno, es, en su misma esencia, Voluntad de don!. Precisamente este Amor que da se encuentra con la objeción, la contradicción, el rechazo. La criatura que quiere ser "como Dios" concreta su actitud expresada perfectamente por San Agustín: "Amor de sí mismo hasta llegar a despreciar a Dios" (cf. De civitate Dei, XIV, 28: PL 41, 436). Esta es tal vez la precisión más penetrante que se puede hacer del concepto de aquel pecado que aconteció en los comienzos de la historia cuando el hombre cedió a la sugerencia del tentador: "Contemptus Dei", rechazar a Dios, despreciar a Dios, odiar todo aquello que tiene que ver con Dios o procede de Dios.
Por desgracia, no se trata de un hecho aislado en los albores de la historia. ¡Cuántas veces nos encontramos ante hechos, gestos, palabras, condiciones de vida en las que se refleja la herencia de aquel primer pecado!.
El Génesis pone aquel pecado en relación con Satanás: y esa verdad sobre la "serpiente antigua" es confirmada luego en muchos pasajes de la Biblia.
9. ¿Cómo se presenta, en este contexto, el pecado del hombre?
El relato de Gen 3 continúa: "Vio, pues, la mujer que el fruto era bueno para comerse, hermoso a la vista y deseable para alcanzar por él la sabiduría, y tomó del fruto y comió, y dio también de él a su marido, que también con ella comió" (Gen 3, 6).
¿Qué elemento resalta esta descripción, muy precisa a su modo? Demuestra que el primer hombre actuó contra la voluntad del Creador, subyugado por la seguridad que le había dado el tentador de que "los frutos de este árbol sirven para adquirir el conocimiento". En el relato no se dice que el hombre aceptara plenamente la carga de negación y de odio hacia Dios, contenida en las palabras del "padre de la mentira". Pero aceptó la sugerencia de servirse de una cosa creada contra la prohibición del Creador, pensando que también él -el hombre- puede "como Dios ser conocedor del bien y del mal".
Según San Pablo, el primer pecado del hombre consistió sobre todo en desobedecer a Dios (cf. Rom 5, 19). El análisis de Gen. 3 y la reflexión de este texto tan profundo demuestran de qué forma puede surgir esa "desobediencia" y en qué dirección puede desarrollarse en la voluntad del hombre. Se puede afirmar que el pecado "de los comienzos" descrito en Gen 3 contiene en cierto sentido el "modelo" originario de cualquier pecado que pueda realizar el hombre.

El Pecado Original

. El Pecado Original
La causa del mal en el mundo es el pecado. El Diablo y los demonios fueron creados por Dios, pero ellos mismos se hicieron malos porque cometieron el gran pecado de rechazar a Dios. Inmediatamente fueron lanzados al infierno, condenados para siempre.
Por su pecado tienen odio a Dios y envidia a los hombres. Por eso tentaron a Adán y Eva, nuestros primeros padres, diciéndoles que si desobedecían a Dios, serían como dioses y conocerían el bien y el mal.
Adán y Eva se dejaron engañar por el demonio y desobedecieron a Dios. Este fue el primer pecado en la tierra: el pecado original, y por esto todos los descendientes de Adán y Eva, excepto la Santísima Virgen María, venimos al mundo con el pecado original en el alma, y con las consecuencias de aquel primer pecado, que se nos transmite por generación.
¿Por qué existe el mal y la muerte?
Existe el mal y la muerte por la envidia del Diablo, que es malo y mentiroso, y por el pecado de nuestros primeros padres.
¿Quiénes son el Diablo y los otros demonios?
El Diablo y los otros demonios son seres espirituales, con inteligencia y voluntad, creados por Dios como ángeles buenos, pero que rechazaron a Dios y se volvieron malos para siempre.
¿Quiénes fueron nuestros primeros padres?
Nuestros primeros padres fueron Adán y Eva, y de ellos descendemos todos los hombres.
¿En que condiciones creo Dios a Adán y Eva?
Dios creó a Adán y Eva muy buenos y felices, con la gracia santificante y muchas cualidades y con los dones de la inmortalidad, la impasibilidad y la integridad.
¿Conservaron nuestros primeros padres los dones con que fueron creados?
Nuestros primeros padres no conservaron los dones con los que fueron creados, porque se dejaron engañar por el demonio y desobedecieron a Dios, conteniendo así el primer pecado.
¿A quienes perjudicó el pecado de nuestros primeros padres?
El pecado de nuestros primeros padres les perjudicó a ellos y también a todos sus descendientes, que somos todos los hombres y mujeres del mundo.
¿Qué es el pecado original?
El pecado original con el que todos nacemos es la privación de la santidad y justicia originales. El pecado introduce en el mundo una cuádruple ruptura: la ruptura del hombre con Dios, consigo mismo, con los demás seres humanos y con la creación toda.
¿Qué consecuencias tiene el pecado original para nosotros?
Producto de estas rupturas, las consecuencias que tiene el pecado original para nosotros son: el debilitamiento de la naturaleza humana, que ha quedado sometida a la ignorancia, al sufrimiento, a la muerte y a la inclinación al pecado.

El pecado del hombre y el estado de justicia original

El pecado del hombre y el estado de justicia original
1. Los Símbolos de la Fe son muy parcos al hablar del pecado; en la Sagrada Escritura, por el contrario, el término y el concepto de "pecado" se sitúa entre aquellos que se repiten con mayor frecuencia. Lo cual demuestra que la Sagrada Escritura es ciertamente el libro de Dios y sobre Dios, pero también es un gran libro sobre el hombre, considerado en su condición existencial, cual resulta de la experiencia.
De hecho el pecado forma parte del hombre y de su existencia: no se puede ignorar o dar a esta realidad oscura otros nombres, otras interpretaciones, como ha ocurrido en las corrientes del iluminismo o del secularismo. Si se admite el pecado, se reconoce al mismo tiempo una profunda relación del hombre con Dios, pues al margen de esta relación hombre-Dios el mal del pecado no se presenta en su verdadera dimensión, aun cuando siga estando presente obviamente en la vida del hombre y en la historia. El pecado pesa con tanta mayor fuerza sobre el hombre como realidad oscura y nefasta cuando menos se le conozca y reconozca, cuando menos se le identifique en su esencia de rechazo y oposición frente a Dios. Sujeto y artífice de esta opción es naturalmente el hombre, que puede rechazar el dictamen de la propia conciencia, aun sin referirse directamente a Dios; pero este gesto insano y nefasto adquiere su significación negativa sólo cuando se contempla sobre el trasfondo de la relación del hombre con Dios.
2. Por esta razón, en la Sagrada Escritura se describe el primer pecado en el contexto del misterio de la creación. Dicho de otro modo: el pecado cometido en los comienzos de la historia humana es presentado en el trasfondo de la creación, es decir, de la donación de la existencia por parte de Dios. El hombre, en el contexto del mundo visible, recibe la existencia como don en cuanto "imagen y semejanza de Dios", o sea, en su condición de ser racional, dotado de inteligencia y voluntad: y a ese nivel de donación creadora por parte de Dios se explica mejor incluso la esencia del pecado del "principio" como opción tomada por el hombre con el mal uso de sus facultades.
No hace falta decir que aquí no hablamos de los comienzos de la historia en cuanto tal y como los describe —hipotéticamente— la ciencia, sino del "principio" tal como se presenta en las paginas de la Escritura. Esta descubre en ese "principio" el origen del mal moral, que la humanidad experimenta incesantemente, y lo identifica como "pecado".
3. El libro del Génesis, en el primer relato de la obra de la creación (Gen 1, 1-28), que es cronológicamente posterior al relato del Gen 2, 4-15, relata la "bondad" originaria de todo lo creado y de modo especial la "bondad" del hombre, creado por Dios "varón y mujer" (Gen 1, 27). Al describir la creación se inserta varias veces la siguiente constatación: "Vio Dios ser bueno" (cf. Gen 1, 12. 18. 21. 25), y, por último, tras la creación del hombre: "Y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho" (Gen 1, 31). Puesto que se trata del ser creado a imagen de Dios, es decir, racional y libre, la frase alude a la "bondad" propia de ese ser según el designio del Creador.
4. En esto se basa la verdad de fe, enseñada por la Iglesia, sobre la inocencia original del hombre, sobre su justicia original (iustitia originalis), como se deduce de la descripción que el Génesis hace del hombre salido de las manos de Dios y que vive en total familiaridad con Él (cf. Gen 2, 8-25); también el libro del Eclesiastés dice que "Dios hizo recto al hombre" (Ecl 7, 29). Si el Concilio de Trento enseña que el primer Adán perdió la santidad y la justicia en la que había sido constituido ("Primum hominem Adam..., sanctitatem et iustitiam, in qua constituitus fuerat, amisisse": Decr. de pecc. origi., DS 1511), esto quiere decir que antes del pecado el hombre poseía la gracia santificante con todos los dones sobrenaturales que hacen al hombre "justo" ante Dios.
Con expresión sintética, todo esto se puede expresar diciendo que, al principio, el hombre vivía en amistad con Dios.
5. A la luz de la Biblia, el estado del hombre antes del pecado se presentaba como una condición de perfección original, expresada, en cierto modo, en la imagen del "paraíso" que nos ofrece el Génesis. Si nos preguntamos cuál era la fuente de dicha perfección, la respuesta es que ésta se hallaba sobre todo en la amistad con Dios mediante la gracia santificante y en aquellos dones, llamados en el lenguaje teológico "preternaturales", y que el hombre perdió por el pecado. Gracias a estos dones divinos, el hombre, que estaba unido en amistad y armonía con su Principio, poseía y mantenía en sí mismo el equilibrio interior y no sentía angustia ante la perspectiva de la decadencia y de la muerte. El "dominio" sobre el mundo que Dios le había dado al hombre desde el principio, se realizaba ante todo en el mismo hombre como dominio de sí mismo. Y, con este autodominio y equilibrio se poseía la "integridad" de la existencia (integritas), en el sentido de que el hombre estaba íntegro y ordenado en todo su ser, ya que se hallaba libre de la triple concupiscencia que lo doblega ante los placeres de los sentidos, a la concupiscencia de los bienes terrenos y a la afirmación de sí mismo contra los dictámenes de la razón.
Por ello también había orden en la relación con el otro, en aquella comunión e intimidad que hace felices: como en la relación inicial entre el hombre y la mujer, Adán y Eva, primera pareja y también primer núcleo de la sociedad humana. Desde este punto de vista resulta muy elocuente aquella breve frase del Génesis: "Estaban ambos desnudos, el hombre y la mujer, sin avergonzarse de ello" (Gen 2, 25).
6. La presencia de la justicia original y de la perfección en el hombre, creado a imagen de Dios, que conocemos por la Revelación, no excluía que este hombre, en cuanto criatura dotada de libertad, fuera sometido desde el principio, como los demás seres espirituales, a la prueba de la libertad. La misma Revelación que nos permite conocer el estado de justicia original del hombre antes del pecado en virtud de su amistad con Dios, de la cual derivaba la felicidad del existir, nos pone al corriente de la prueba fundamental reservada al hombre y en la cual fracasó.
7. En Génesis se describe esta prueba como una prohibición de comer los frutos "del árbol de la ciencia del bien y del mal". He aquí el texto: "El Señor Dios dio este mandato al hombre: De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás" (Gen 2, 16-17).
Esto significa que el Creador se revela, desde el principio, a un ser racional y libre como Dios de la Alianza y, por consiguiente, de la amistad y de la alegría, pero también como fuente del bien y, por tanto, de la distinción entre el bien y el mal en sentido moral. El árbol de la ciencia del bien y del mal evoca simbólicamente el límite insuperable que el hombre, en cuanto criatura, debe reconocer y respetar. El hombre depende del Creador y se halla sujeto a las leyes sobre cuya base el Creador ha constituido el orden del mundo creado por Él, el orden esencial de la existencia (ordo rerum); y, por consiguiente, también se halla sujeto a los normas morales que regulan el uso de la libertad. La prueba primordial se dirige, por tanto, a la voluntad libre del hombre, a su libertad. ¿Confirmará el hombre con su conducta el orden fundamental de la creación, reconociendo la verdad de que también él ha sido creado, la verdad de la dignidad que le pertenece en cuanto imagen de Dios, y al mismo tiempo la verdad de su límite en cuanto criatura?.
Desgraciadamente conocemos el resultado de la prueba: el hombre fracasó. Nos lo dice la Revelación. Pero esta triste noticia nos la da en el contexto de la verdad de la redención, permitiéndonos así que miremos confiadamente a nuestro Creador y Señor misericordioso.

Los Sacramentos

Los Sacramentos
Bautismo:
Sacramento instituido por Jesucristo.Yo (Juan Bautista) os he bautizado con agua, mas (Jesús) os bautizará con el Espiritu Santo. Mc 1, 8; Mt 3, 2; Jn 1, 33. Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Mt 28, 19; Mc 16, 15-16.Haced penitencia y que cada uno de vosotros sea bautizado en el nombre de Jesucristo. Hech 2, 38; 8, 12. Jesús fue con sus discípulos a Judea, y allí moraba con ellos y bautizaba: Jn 3, 22; Jn 4, 2. Quien no renaciera del agua y del espiritu no podrá entrar en el reino de los cielos. Jn 3, 5. El que creyere y fuere bautizado se salvará. Mc 16, 16. Id, pues enseñad a todas las gentes, bautizándolas 1...]. Mt 28, 19.a) Una vida nueva Dios nos ha salvado por el Bautismo de regeneración y renovación del Espíritu Santo: Tit 3, 5. Revestidos de Cristo: Col 3, 27. En el Bautismo hemos quedado sepultados con Cristo para resucitar a una nueva vida: Rom 6, 4; Jn 3, 5. Sea bautizado cada uno de vosotros [...] para remisión de vuestros pecados. Hech 2, 38. Levántate, bautízate y lava tus pecados. Hech 22, 16.Cristo amó a su Iglesia y se sacrifico por ella para santificarla, limpiándola con el Bautismo del agua: Ef 5, 25-26. Todos nosotros hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para un solo Cuerpo. I Cor 12, 13.
†Es el primer sacramento con el cual nos iniciamos a la vida Cristiana. Simboliza la muerte de Cristo y su resurrección. Muere el "hombre viejo" y nace el "hombre nuevo". Dios nos une a Jesús con su gracia (Nos hace sus hijos), nos libra del pecado original y nos hace miembros de su Iglesia. Se recibe una sola vez e imprime carácter. Este carácter es como una marca que nos hace hijos de Dios. Necesidad del Bautismo: La iglesia no conoce otro medio que el bautismo para aseguran la vida eterna (Quien no se bautiza se condena). Para que un sacramento sea valido debe tener materia y forma: Materia: Es el agua. Debe ser bendita y se rocía sobre la persona. Forma: Son las palabras: yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Ministros: El obispo, sacerdote y/o diáconos. Bautismos especiales: De necesidad: Cualquier cristiano que tenga uso de razón y los elementos necesarios (aunque el agua puede no ser bendita). De sangre: Por martirio. De deseo: Es un acto de amor a Dios con un deseo grande y firme voluntad de hacer cuanto Él a dispuesto para salvarnos. Tanto en el bautismo de necesidad como el de deseo son provisorios y deben hacerse sacramentales en cuanto se pueda. Gracia del bautismo: Nos perdona el pecado original y todos los pecados hasta ese momento y también las penas que tienen los pecados. Borra el pecado original pero no la concupiscencia, es decir la inclinación al pecado. Esta se nos deja para el combate y no puede "dañar" al que no la consciente, para lo cual se necesita la ayuda de la gracia. (2° Tim 2,5) "El que legítimamente lucharé será coronado".
Eucaristía:
Este sacramento contiene verdadera, real y substancialmente el cuerpo, sangre, alma y divinidad de nuestro Señor Jesucristo. Es fuente y cima de toda la cristiandad; contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir al propio Cristo (Nuestra pascua = Paso, para ir al cielo). Materia: Pan de trigo y vino de uva. Forma: Palabras de la consagración (Este es mi cuerpo...) Ministro: El sacerdote. Solamente se puede consagrar en la Misa. Antes de la consagración es pan después de la consagración la hostia es el verdadero cuerpo de Cristo en apariencia de pan y el Cáliz (Vino con agua) en verdadera sangre de Cristo. Esto se llama transubstanciación. El cuerpo y la sangre están separados porque simbolizan: 1- Que en la pasión la sangre se separó del cuerpo de Cristo. 2- Porque representa el alimento del alma, es decir comida y bebida. Disposiciones para recibir la Eucaristía 1- Hay que estar en gracia de Dios; si se tiene pecado mortal es un sacrilegio recibirla. 2- Saber lo que se recibe. 3- Tener como mínimo una hora de ayuno. Fines de Jesucristo al establecer la Eucaristía 1- Permanecer en medio de nosotros. 2- Ser el alimento espiritual de nuestra alma. 3- Dar a su Iglesia un sacrificio visible y digno de la majestad infinita de Dios.
Confirmación:
Este sacramento también imprime carácter. Este carácter es ser soldados de Cristo. Definición del sacramento: Es el sacramento por el cual recibimos el Espíritu santo, se imprime en nuestra alma el carácter de soldado de Cristo; y nos hacemos perfectos cristianos. Ser soldados de Cristo significa defenderlo y difundirlo. Hay tres campos de batalla: 1- El mundo "mundano", es decir el que vive en pecado alejado de Dios. 2- Uno mismo. 3- El demonio. Nos hacemos perfectos cristianos porque nos confirma en la Fe y se perfeccionan los dones que hemos recibido en el Bautismo, por esto se llama confirmación. Materia: El Santo Crisma. Esta compuesto por dos sustancias: El aceite (Sustancia que penetra todo y significa la penetración del Espíritu santo en nuestra alma) y el Bálsamo (Un perfume muy aromático que significa el buen olor de las virtudes). Forma: recibe por esta señal el don del Espíritu Santo. Se hace la señal en la frente para llevarlo bien visible y no tener vergüenza. Ministros: El obispo
Matrimonio:
Es un sacramento que da a los esposos la gracia para amarce santamente y educar a sus hijos cristianamente estableciendo entre ellos una santa e indisoluble unión. Condiciones: Debe estarse en gracia. Materia:es la donación recíproca de los esposos, se donan toda la persona, todo su ser. Forma: es el Sí que significa la aceptación recíproca de ese don personal y total. Ministro: CIC 1623 Según la tradición latina, los esposos, como ministros de la gracia de Cristo, manifestando su consentimiento ante la Iglesia, se confieren mutuamente el sacramento del matrimonio. En las tradiciones de las Iglesias orientales, los sacerdotes –Obispos o presbíteros– son testigos del recíproco consentimiento expresado por los esposos (cf. CCEO, can. 817), pero también su bendición es necesaria para la validez del sacramento (cf CCEO, can. 828). Los hijos son un don de Dios, toda forma de obtenerlos que no sea la natural esta mal. Debe educaremos cristianamente bautizandolos, enseñandoles a rezar, etc.; si se niegan debe obligarcelos, como cuando no quieren tomar la mamadera y se los obliga, porque es algo muy bueno e importante. La anulación del matrimonio: Cuando hay nulidad es que no hubo matrimonio y no que hubo y se disolvió. No es frecuente pero si hay se solicita al Papa y hay 2 años de investigación para decidir si es nulo o no. Solo es nulo si no se cumplieron los requisitos o hay cosas raras antes o al momento del casamiento. Todo conflicto que se origine después de este sacramento no es excusa para disolver el matrimonio. La separación: La Iglesia acepta la separación de las personas, pero debe mantener la castidad y no pueden volver a casace. Se separen, dividen sus bienes, etc.; pueden vivir con otras personas pero no pueden mantener relaciones ya que sería adulterio. (Mt 19,3-9).
Unción de los enfermos:
Antes del concilio se llamaba "extremaunción" ya que solo se impartía a los enfermos cerca de la muerte.Desde el Concilio Vaticano II, este sacramento es para todos los enfermos de gravedad y para los ancianos. Es el sacramento instituido por Cristo para alivio espiritual y aún temporal de los enfermos en peligro de muerte. Referencias Bíblilcas:-Cristo da poder a los Apóstoles para sanar enfermos: Lucas 9, 1-2; Mateo 10, 7-8.-Los Apóstoles sanan enfermos: Hechos 5, 15-16.-Santiago apela al poder de la Unción impartida por los presbíteros: Santiago 5,14-15. La gracia especial del sacramento de la Unción de los enfermos tiene como efectos: - la unión del enfermo a la Pasión de Cristo, para su bien y el de toda la Iglesia; - el consuelo, la paz y el ánimo para soportar cristianamente los sufrimientos de la enfermedad o de la vejez; - el perdón de los pecados si el enfermo no ha podido obtenerlo por el sacramento de la Penitencia; - el restablecimiento de la salud corporal, si conviene a la salud espiritual; - la preparación para el paso a la vida eterna. Sólo los sacerdotes (presbíteros y obispos) pueden administrar el sacramento de la Unción de los enfermos; para conferirlo emplean óleo bendecido por el obispo, o, en caso necesario, por el mismo presbítero que celebra.
Sacramento de la Penitencia:
Es el sacramento instituido para perdonar los pecados cometidos después del Bautismo o desde la última confesión bien hecha. Este sacramento es instituido por Cristo: (SJ 20, 19-23) "... a quienes perdonareis los pecados , les serán perdonados; a quienes se los retuviereis, les serán retenidos". Materia: Son los pecados. Forma: Yo te absuelvo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Ministros: Sacerdote La absolución es en nombre de Cristo, él es quien nos perdona. Efectos: - Perdona los pecados - Cambia la pena, se le perdona la pena del infierno por una temporal si es pecado mortal; si es venial la pena es temporal. - Nos devuelve la gracia y adquirimos fuerzas para no volver a caer en esos pecados. Para hacer una buena confesión: 1- Hacer el examen de conciencia: Ponerce en recogimiento y pedir ayuda a Dios para recordar nuestros pecados y tener verdadero arrepentimiento. 2- Dolor de los pecados: Desear no haberlo cometido. Hay 2 formas: Contrición: Dolor perfecto de los pecados, es decir por amor a Dios. Atrición: Dolor imperfecto de los pecados, es decir por temor al castigo. Sirven los dos pero la contrición es mucho mejor. 3- propósito firme de enmienda: Hay que huir de la ocasión de pecado, hacer lo posible por no volver a pecar. 4- Confesión de los pecados: Se deben decir todos los pecados al confesor. Si son mortales el numero (cantidad de veces cometido), hay que tratar de ser precisos y exactos. 5- Cumplir la penitencia impuesta por el sacerdote: Puede ser una oración o hacer una buena obra.
Sacerdocio:
Es el sacramento que da la potestad de ejercitar los sagrados ministerios e imprime en el alma del que lo recibe el carácter de ministro de Dios. Se llama así porque hay tres ordenes:
· Diácono
· Sacerdote
· Obispo Este sacramento también imprime carácter; el carácter del sacerdocio es ser ministros de Dios. Este sacramento fue instituido por Jesucristo el Jueves santo.
· La Iglesia entera es un pueblo sacerdotal. "La Iglesia entera es un pueblo sacerdotal. Por el bautismo, todos los fieles participan del sacerdocio de Cristo. Esta participación se llama "sacerdocio común de los fieles". A partir de este sacerdocio y al servicio del mismo existe otra participación en la misión de Cristo: la del ministerio conferido por el sacramento del Orden, cuya tarea es servir en nombre y en representación de Cristo-Cabeza en medio de la comunidad". Catecismo Iglesia Católica 1591.
· El sacerdocio ministerial difiere esencialmente del sacerdocio común de los fieles. "El sacerdocio ministerial difiere esencialmente del sacerdocio común de los fieles porque confiere un poder sagrado para el servicio de los fieles. Los ministros ordenados ejercen su servicio en el pueblo de Dios mediante la enseñanza (munus docendi), el culto divino (munus liturgicum) y por el gobierno pastoral (munus regendi)." (CIC 1592)
· Tres gradosDesde los orígenes, el ministerio ordenado fue conferido y ejercido en tres grados: el de los obispos, el de los presbíteros y el de los diáconos. Los ministerios conferidos por la ordenación son insustituibles para la estructura orgánica de la Iglesia: sin el obispo, los presbíteros y los diáconos no se puede hablar de Iglesia.(CIC 1593) El obispo recibe la plenitud del sacramento del Orden Lo incorpora al Colegio episcopal y hace de él la cabeza visible de la Iglesia particular que le es confiada. Los obispos, en cuanto sucesores de los apóstoles y miembros del Colegio, participan en la responsabilidad apostólica y en la misión de toda la Iglesia bajo la autoridad del Papa, sucesor de san Pedro. (CIC 1594) Los presbíteros (sacerdotes) Los presbíteros están unidos a los obispos en la dignidad sacerdotal y al mismo tiempo dependen de ellos en el ejercicio de sus funciones pastorales; son llamados a ser cooperadores diligentes de los obispos; forman en torno a su obispo el presbiterio que asume con él la responsabilidad de la Iglesia particular. Reciben del obispo el cuidado de una comunidad parroquial o de una función eclesial determinada. (CIC 1595) Los diáconos Son ministros ordenados para las tareas de servicio de la Iglesia; no reciben el sacerdocio ministerial, pero la ordenación les confiere funciones importantes en el ministerio de la palabra, del culto divino, del gobierno pastoral y del servicio de la caridad, tareas que deben cumplir bajo la autoridad pastoral de su obispo. (CIC 1596) Como se confiere el sacramento El sacramento del Orden es conferido por la imposición de las manos seguida de una oración consecratoria solemne que pide a Dios para el ordenando las gracias del Espíritu Santo requeridas para su ministerio. La ordenación imprime un carácter sacramental indeleble. (CIC 1597) Candidatos al sacramento del Orden La Iglesia confiere el sacramento del Orden únicamente a varones (viri) bautizados, cuyas aptitudes para el ejercicio del ministerio han sido debidamente reconocidas. A la autoridad de la Iglesia corresponde la responsabilidad y el derecho de llamar a uno a recibir la ordenación. En la Iglesia latina, el sacramento del Orden para el presbiterado sólo es conferido ordinariamente a candidatos que están dispuestos a abrazar libremente el celibato y que manifiestan públicamente su voluntad de guardarlo por amor del Reino de Dios y el servicio de los hombres. (CIC 1598- 1599) Quien confiere el sacramento del Orden: Corresponde a los obispos conferir el sacramento del Orden en los tres grados. (CIC 1600).
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Doctrina Espiritual

Capitulo II

MEDIOS PRINCIPALES DE PERFECCION
.....Articulo I- Las Sacramentos son los medios principales para adquirir la perfección:
I
..... Los principales medios prácticos de la perfección son los Sacramentos, cuando ponemos en ello la preparación necesaria. Sin embargo -cosa extraña-, parece que es en esto en lo que somos más negligentes.Los Sacramentos dan las gracias que tienden a producir en nosotros los efectos que les son propios: la confesión, una gran pureza de corazón; la comunión, una estrecha unión con Dios y un gran fervor de espíritu en nuestras acciones.
II
.....Hay una demostración moral por la que vemos que nada contribuye tanto al progreso de las almas como la confesión la comunión diaria supuesto que se han hecho al principio tres o cuatro confesiones a fondo para establecerse en seguridad de conciencia porque cuanto más nos acercamos a estos Sacramentos, más gracias recibimos para participar de sus efectos. Y los efectos de estos Sacramentos pureza de corazón y fervor de espiritual la mejor preparación que podemos llevar para recibirlos.
III
.....Un alma que antes de la comunión se encontraba lánguida, en tinieblas, y que después de la comunión se encuentra iluminada, fervorosa, vigorosa, no puede dudar del fruto de su comunión, ya que el efecto de los Sacramentos es dar a las almas la gracia que les es propia y que se llama sacramental. Así, después de una confesión bien hecha, se recibe en el alma una gran luz para conocer su interior una humilde amorosa contrición una paz y un descanso en la conciencia. después de una buena comunión, se siente gusto de dios y una fuerza nueva para emplearse en su servicio.

Las características de la Fe

LAS CARACTERÍSTICAS DE LA FE.

La fe es una gracia
La fe es un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por él, "Para dar esta respuesta de la fe es necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda, junto con el auxilio interior del Espíritu Santo, que mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del espíritu y concede `a todos gusto en aceptar y creer la verdad'"
La fe es un acto humano
Sólo es posible creer por la gracia y los auxilios interiores del Espíritu Santo. Pero no es menos cierto que creer es un acto auténticamente humano. No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre depositar la confianza en Dios y adherirse a las verdades por él reveladas. Ya en las relaciones humanas no es contrario a nuestra propia dignidad creer lo que otras personas nos dicen sobre ellas mismas y sobre sus intenciones, y prestar confianza a sus promesas (como, por ejemplo, cuando un hombre y una mujer se casan), para entrar así en comunión mutua. Por ello, es todavía menos contrario a nuestra dignidad "presentar por la fe la sumisión plena de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad al Dios que revela" (Cc. Vaticano I: DS 3008) y entrar así en comunión íntima con El.
La fe y la inteligencia
El motivo de creer no radica en el hecho de que las verdades reveladas aparezcan como verdaderas e inteligibles a la luz de nuestra razón natural. Creemos "a causa de la autoridad de Dios mismo que revela y que no puede engañarse ni engañarnos". "Sin embargo, para que el homenaje de nuestra fe fuese conforme a la razón, Dios ha querido que los auxilios interiores del Espíritu Santo vayan acompañados de las pruebas exteriores de su revelación" (ibid., DS 3009). Los milagros de Cristo y de los santos (cf. Mc 16,20; Hch 2,4), las profecías, la propagación y la santidad de la Iglesia, su fecundidad y su estabilidad "son signos ciertos de la revelación, adaptados a la inteligencia de todos", "motivos de credibilidad que muestran que el asentimiento de la fe no es en modo alguno un movimiento ciego del espíritu" (Cc. Vaticano I: DS 3008-10).
La fe es cierta, más cierta que todo conocimiento humano, porque se funda en la Palabra misma de Dios, que no puede mentir.
"La fe trata de comprender" (S. Anselmo: es inherente a la fe que el creyente desee conocer mejor a aquel en quien ha puesto su fe, y comprender mejor lo que le ha sido revelado; un conocimiento más penetrante suscitará a su vez una fe mayor, cada vez más encendida de amor.
Fe y ciencia. "A pesar de que la fe esté por encima de la razón, jamás puede haber desacuerdo entre ellas. Puesto que el mismo Dios que revela los misterios y comunica la fe ha hecho descender en el espíritu humano la luz de la razón, Dios no podría negarse a sí mismo ni lo verdadero contradecir jamás a lo verdadero"
La libertad de la fe
"El hombre, al creer, debe responder voluntariamente a Dios; nadie debe estar obligado contra su voluntad a abrazar la fe. En efecto, el acto de fe es voluntario por su propia naturaleza"
La necesidad de la fe
Creer en Cristo Jesús y en aquél que lo envió para salvarnos es necesario para obtener esa salvación . Puesto que `sin la fe... es imposible agradar a Dios' (Hb 11,6) y llegar a participar en la condición de sus hijos, nadie es justificado sin ella y nadie, a no ser que `haya perseverado en ella hasta el fin' (Mt 10,22; 24,13), obtendrá la vida eterna"
La perseverancia en la fe
La fe es un don gratuito que Dios hace al hombre. Este don inestimable podemos perderlo.
La fe, comienzo de la vida eterna
La fe nos hace gustar de antemano el gozo y la luz de la visión beatífica, fin de nuestro caminar aquí abajo. Entonces veremos a Dios "cara a cara" (1 Cor 13,12), "tal cual es" (1 Jn 3,2). La fe es pues ya el comienzo de la vida eterna.
Ahora, sin embargo, "caminamos en la fe y no en la visión" (2 Cor 5,7), y conocemos a Dios "como en un espejo, de una manera confusa,...imperfecta" (1 Cor 13,12. La fe puede ser puesta a prueba. El mundo en que vivimos parece con frecuencia muy lejos de lo que la fe nos asegura; las experiencias del mal y del sufrimiento, de las injusticias y de la muerte parecen contradecir la buena nueva, pueden estremecer la fe y llegar a ser para ella una tentación.
Entonces es cuando debemos volvernos hacia los testigos de la fe: Abraham, que creyó, "esperando contra toda esperanza" (Rom 4,18); la Virgen María que, en "la peregrinación de la fe" (LG 58), llegó hasta la "noche de la fe" (Juan Pablo II, R Mat 18) participando en el sufrimiento de su Hijo y en la noche de su sepulcro; y tantos otros testigos de la fe: "También nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe" (Hb 12,1-2).